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divendres, 29 d’agost del 2025

Retos jueveros - Tema: Planeta libre de bolsas de plástico - La bolsa o la vida

 ¡Hola Jueveros!

Esta semana TRACY ha sido la anfitriona de los Retos Jueveros. Aprovechando que el pasado 3 de Julio fue el Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico, su propuesta ha sido idear un relato, como siempre  de forma y estilo libre e intentando no superar las 350 palabras, enfocándolo a invitar a dejar libre de bolsas de plástico el planeta.

Así que como nos parece muy buena propuesta y una iniciativa genial a la que nuestro grupo se suma sin dudarlo, participamos con el siguiente relato que os dejamos a continuación:

AQUÍ podréis encontrar el resto de relatos participantes.




LA BOLSA O LA VIDA
(Marifelita)

Todo vino a raíz de una huelga convocada por los trabajadores del ayuntamiento que se encargaban de la recogida de basuras en nuestra ciudad. Acostumbrados al puntual servicio diario, se hacían imperceptibles las cantidades industriales de residuos de todo tipo que llegamos a generar en tan solo un día.

Aquella huelga se alargó casi dos semanas y para desgracia o por suerte para nosotros, nos hizo valorar la magnitud del problema.

Se dice habitualmente que no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos, y un eficiente servicio de recogida de residuos es una de esas cosas, que hacen que dos semanas parezcan una eternidad.

Aquello me hizo pensar y fijarme en la cantidad de plásticos y envases que individualmente uno puede acumular en casa en tan solo un día, exclusivamente con la compra de comida en el supermercado.

Había oído siempre voces críticas sobre el reciclaje y la separación de residuos de plástico, vidrio, papel y orgánicos. Rumores de si al final todo iba a parar al mismo sitio por mucho que nos molestáramos en separarlo los ciudadanos. Pero al hacer el ejercicio de separar eres más consciente de las toneladas de basura plástica que dejamos al planeta y al resto de generaciones por siglos, sin ninguna posibilidad de reutilizar, transformar ni destruir.

Quizá ha llegado el momento de dejar de producirlo para que no sea un problema, y para ello hay que dejar de consumirlo masivamente. El plástico domina nuestras vidas, se ha metido en nuestras ropas, comida, herramientas, todo es más barato, duradero y práctico.

¿Podremos algún día volver atrás y recuperar nuestras antiguas costumbres, de cuando sabíamos vivir sin él? Comprar y consumir de forma distinta, evitar el plástico a toda costa, hacerle un “boicot”. Cuando nos interesa algo de verdad le ponemos empeño y lo conseguimos colectivamente, ya lo hemos demostrado antes.

Yo personalmente, me niego a consumir bolsas de plástico, siempre llevo una de tela conmigo. Es un primer paso, de muchos que tengo que empezar a dar. No sirve decir que lo haga otro, hay que actuar. ¿Te apuntas a esta revolución?




El grupo de  "El Vici Solitari" pone su granito de arena con sus bolsas de tela personalizadas.



dilluns, 23 de desembre del 2024

¡Felices Fiestas Blogueros!

Hola Blogueros!

Tod@s l@s compañer@s de EL VICI SOLITARI os deseamos 
unas felices fiestas y un año nuevo 2025 
lleno de gratas sorpresas, inspiración y muchos hallazgos literarios.


Hablando de hallazgos literarios, no quiero despedir el año sin antes presentaros una nueva publicación.

La nueva antología de nuestros amigos blogueros de EL TINTERO DE ORO, titulada JUKE INK BOX, en la cual hemos tenido el honor de participar nuestro compañero GABILIANTE y una servidora, MARIFELITA.


Yo de vosotros se la pediría al Tió, al Olentzero, al Apalpador, al Anguleru, a los Reyes Magos o a Papa Noel, si aun no lo habeis hecho. Y si no teneis la suerte de que os lo traigan siempre podeis pedirlo al Señor AMAZON.

¡Os la recomiendo!

FELIZ AÑO 2025, LLENO DE APASIONANTES LECTURAS E INSPIRADAS ESCRITURAS!

divendres, 27 de setembre del 2024

IRENE HEWITSON: Aventuras y desventuras de una diva acontecida - CAPÍTULO 13 - "El juguetito"


IRENE HEWITSON:
AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UNA DIVA ACONTECIDA

CAPÍTULO 13

Imagen: Pixabay

"EL JUGUETITO"

Os confesaré una cosa que muy pocos saben y que no dudaré en explicar con pelos y señales en mi próxima biografía, que justo en los meses de mi retiro espiritual me decidí a empezar. El motivo de mi divorcio fue que en la desastrosa noche en la que recogí mi premio Oscar, tuve un ataque de histeria de dimensiones bíblicas. Mi pareja de entonces, un exitoso actor que ya conocéis de sobra, no se le ocurrió otra cosa que facilitarme ciertos calmantes de “strangis” que me dejaron fuera de combate durante horas y que le permitieron a él seguir con la fiesta que teníamos organizada en casa tras tan solemne evento.

Pero los calmantes que me facilitó duraron lo suficiente para que la protagonista de la fiesta se la perdiera por completo. Desperté de mi profundo sueño, justo en el momento en el que la mayoría de invitados ya se habían marchado y solo quedaban algunos borrachos durmiendo la mona desperdigados por los sofás y las distintas habitaciones de nuestra mansión.

Reinaba un absoluto silencio que mi dolorida cabeza a punto de explotar agradeció, excepto por una pareja que se oía a lo lejos pasándolo en grande entre gemidos y resoplidos. Mareadísima me levanté para decirles que se largaran y continuaran la fiesta en otra parte, pero cual fue mi sorpresa al descubrir que se trataba de mi marido con la que consideraba mi mejor amiga por entonces.

Supongo que ya sospechareis el porqué de mi retiro espiritual. Tras ese doloroso episodio, me aparté por un tiempo de la vida pública y decidí marcharme a España e instalarme cerca de mi familia. En aquel momento necesitaba sobre todo cariño, estabilidad y mucha realidad.

Mi vida siempre fue un estrés desde que conocí la fama. Me daba la sensación de intentar llegar a todo y apenas disfrutar nada. Sin duda el hecho de tener a mi familia viviendo en el vecindario me ayudaría muchísimo a poner los pies de nuevo en la tierra.

Recuerdo aquella época de forma especial, reconecté con mi “yo” oculto, pero debo reconocer que mi vida sin pareja, aunque solo fuera unos meses, me estresó de tal forma, que llegué a unos niveles de mal humor descomunales.

Como ya habréis sospechado por mi trayectoria sentimental sobradamente conocida, con mis cuatro matrimonios fallidos, soy una mujer muy activa sexualmente que no concibe la vida sin un acompañante en su almohada. Así que ya podeis suponer el enorme trago que aquella etapa supuso para mí.

Pasaban los días con muchas horas libres por delante y pocas cosas que hacer o pocas ganas, mejor dicho. Mi vida social se limitaba a salir de tiendas con mi madre, su hermana y mi prima o bien llevarlas al cine o a cenar, y todo en un riguroso incógnito ya que la prensa nacional siempre acecha. Así que las posibilidades de conocer a alguien interesante o al menos echar un polvo rápido eran nulas. Pasaba horas hasta la madrugada sin dormir y mirando la teletienda fue donde descubrí mi salvación para mi triste vida sexual de entonces. El “Sexfire” un sugerente artefacto que me regaló los mejores orgasmos que tuve en años. Llegué a engancharme en cierto modo, lo confieso.

Llegó a tal punto mi adicción al satisfactorio mecanismo, que lo utilizaba a todas horas y en cualquier lugar de la casa. Mi imaginación se disparaba y mis fantasías con él no tenían límite. El final de nuestra idílica relación llegó cuando un día mi madre y mi tía entraron en casa sin avisar, mala costumbre que arrastran desde que me instalé con ellas en el barrio, y me sorprendieron en el peor momento (aunque podría decir que fue el mejor) y una complicada postura difícil de justificar en cualquier otro contexto.

Mi relación con ellas desde entonces ya no es la que era. Sus miradas son esquivas, siempre miran hacia el suelo cuando me hablan y son escuetas en palabras. Incluso ya no insisten tanto como antes para quedar conmigo y salir de compras o a cenar juntas. Creo que les rompí el corazón al sacarles de golpe en su ensoñación, su niña jugaba a ser mayor, sorprendida desahogando su deseo sexual con un moderno e indescriptible artilugio de colores chillones y forma más que sugerente.

Ya no volvieron a presentarse por sorpresa en casa, cosa que me ha venido bien, puedo retomar mi vida sentimental de nuevo. Por otro lado, ya podeis imaginar que los amigos de “Sexfire” al reconocer mi nombre de pila en la tarjeta que utilicé para la compra (¡Viva la protección de datos!) aprovecharon para sacar partido de la situación. Eso sí, yo tampoco soy nueva en esto, y tras asesorarme mis abogados, llegamos a un acuerdo en el que un alto porcentaje de las ganancias de su producto estrella irían a mi bolsillo. De algo me tendría que servir convertirme de la noche a la mañana en la “Sex Diva” de internet.

Mi vida siempre ha sido un tremendo caos y un total desastre, ¿por qué iba a ser distinta mi vida sentimental y sexual? Bueno, me permitiréis que no os explique más pormenores y deje algún detalle jugoso para mi próxima biografía que saldrá en breve al mercado… ¡Id reservando vuestros ejemplares! ¡Muy pronto sabréis muchas más cosas sobre mi y no os voy a decepcionar! ¡Palabra de “Tasi”!

Marifelita


Y hasta aquí, de momento, las andanzas de nuestra amiga Irene Hewitson.
El próximo verano nos sorprenderá con esa biografía que nos ha prometido.

Si quieres leer los capitulos anteriores de las desventuras de esta diva tan acontecida, 
puedes seguir sus andanzas  AQUI.

Imagen de Pixabay

dissabte, 21 de setembre del 2024

IRENE HEWITSON: Aventuras y desventuras de una diva acontecida - CAPÍTULO 12 - "Moda de altos vuelos"


IRENE HEWITSON:
AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UNA DIVA ACONTECIDA

CAPÍTULO 12

Imagen: Pixabay


"MODA DE ALTOS VUELOS"

Hay una ley no escrita, pariente de Murphy que dice que, si hay dos eventos importantes a los que tienes que asistir, sin duda, ocurrirán en el mismo día o incluso se solaparán en el tiempo. A mí estas cosas me pasan mucho.

Ese día tenía un importante examen de la carrera de diseño que justo estaba finalizando. Esa misma noche quiso el destino que también fuera invitada a un cocktail que se celebraría en un importante hotel en el centro, para presentar la nueva gama de productos de una firma internacional de cosméticos con la que había colaborado en su campaña publicitaria.

Hubiera llegado a casa con tiempo para cambiarme si no hubiera sido porque en esa ocasión, el señor Murphy y su despiadada ley hicieron su aparición estelar en el transporte público con el que me dirigía a casa.

Algún pasajero despistado se había dejado una bolsa en el andén y cundió el pánico en la estación de metro, activándose la alerta antiterrorista prevista para estos casos. A mí me pilló dentro del vagón y decidieron parar el convoy a medio camino, estuvimos en el túnel sin poder salir, casi veinte minutos. Llamé a mi compañera de piso para rogarle que me preparara una bolsa con el caro vestido que había dejado preparado en mi habitación, unos zapatos espectaculares, complementos de mi joyero y el neceser de maquillaje. Ya no llegaba a tiempo para cambiarme en casa así que lo haría directamente en el hotel.

Cuando llegué a mi portería cansada, sudorosa y sin aliento, llamé al interfono para que mi compañera me tirara la bolsa por el balcón e irme pitando en taxi al hotel. El señor Murphy aun merodeaba por los alrededores ya que el lanzamiento de bolsa de mi compañera fue con tan mala pata, que acabó cayendo en lo alto de un árbol enfrente del portal, quedando enredada en una de las ramas. En aquel momento me bloqueé y no se me ocurrió otra cosa que buscar algo por los alrededores para lanzárselo e intentar darle para hacerla caer al suelo y recuperarla.

En un contenedor cercano vi unas zapatillas y un par de juguetes rotos. Primero lancé una de las zapatillas tímidamente sin rozarle si quiera, luego la segunda con el mismo éxito. Mi compañera de piso levantaba los brazos desde el balcón, aun no me queda claro hoy si dándome ánimos, instrucciones o convencerme de que era mala idea.

Luego proseguí la operación con un nuevo intento, esta vez arrojé uno de los juguetes con algo más de empeño y aunque estuve más cerca, el juguete fue a colarse al piso del vecino de abajo. Lancé el otro proyectil restante, un juguete algo más pesado de madera y aumentando un poco la fuerza.

La bolsa siguió allí colgada de la rama, inmutable, no como el viejo cascarrabias de mi vecino, que no solo salió al balcón para quejarse de mis maniobras, sino que además le alcancé de lleno en la cara con mi segundo lanzamiento.

El malpensado decidió pensar que se trataba de un ataque premeditado hacia su persona y así lo hizo saber desgañitándose desde el balcón para que cualquier vecino o transeúnte que pasara por la calle estuviera bien informado de la clase de persona que era yo.

A malhablada y malas pulgas no me gana nadie. Pero todo lo que le llegué a decir a mi vecino, para descargar la ira acumulada de todo el día, no me sirvió para nada. Tampoco los intentos de mi apurada compañera para intentar recuperar la bolsa construyendo un largo artilugio con el palo de la escoba, el de la fregona y cinta americana.

Así que aquella noche, aunque todo el mundo en la prensa del día siguiente afirmó que fue todo un éxito, no lo fue tanto para mí. Asistí tarde y vestida con un conjunto del Zara, unos pendientes de mercadillo y unas sandalias que en casa me parecieron resultonas. No me lo parecieron tanto al ver mi estilismo en todo su conjunto, unos días más tarde en una conocida revista de cotilleos, en la sección de “¡Qué horror, las peores vestidas!”, mientras me hacía las mechas en la peluquería.

Aunque tras este pequeño tropezón mi carrera como modelo tenía los días contados, quizá como “celebrity” habría ganado algunos puntos, ya que sin pretenderlo estaba construyendo una imagen de “rebelde sin causa”, que aun no sabía si me llevaría a alguna aparte, fuera de las revistas del corazón.

Marifelita


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Imagen de Pixabay

 


dissabte, 14 de setembre del 2024

IRENE HEWITSON: Aventuras y desventuras de una diva acontecida - CAPÍTULO 11 - "El ascensor"

IRENE HEWITSON:
AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UNA DIVA ACONTECIDA

CAPÍTULO 11

Imagen: Pixabay


"EL ASCENSOR"

Siempre pensé que lo peor que te puede pasar en un ascensor, aparte de quedarte atrapado al no abrirse las puertas, es que se descuelgue la cabina y mueras en una estrepitosa y contundente caída.

En mi familia debe haber algún gen en el ADN que hace que todos tengamos pánico a los ascensores, no a los sitios cerrados y pequeños, porque otros lugares no son problema para nosotros. El problema radica en los ascensores exclusivamente. Somos capaces de subir y bajar muchísimos pisos si alguien comparte ascensor con nosotros. Os preguntareis, ¿qué más da si alguien comparte el ascensor contigo? Si hay algún problema ¿no seguiría siendo el mismo? Pues explicárselo a nuestro caprichoso ADN y a alguna neurona extraviada que debe tener asociada, porque parece ser que si estamos en compañía el problema ya no es tan importante.

Os cuento el caso de una vez que sobreviniéndome unas ganas enormes de ir al baño, y como me esperaba una subida de 18 pisos, decidí hacerme la valiente y entrar sola en el ascensor. Era un edificio de oficinas de esos tan modernos que el ascensor es de cristal y puedes divisar la panorámica mientras sube, además de la tremenda altura que alcanza.

El ascensor tenía una puerta de entrada orientada al norte y una puerta de salida orientada al sur. Al entrar al ascensor, ya me di cuenta que la locución automática que te indica la apertura y cierre de puertas no iba acorde con la realidad e iba algo descompasada. Me sorprendí al ver que el ascensor arrancaba sin que la puerta de entrada se cerrara, pero es que lo peor fue que cuando ya llevaba unos tres o cuatro pisos de subida con la puerta abierta, oí que la locución informaba: “Open the door - Abriendo puertas”.

Ahí ya me asusté porque instintivamente dirigí mi mirada hacia la otra puerta y efectivamente pude comprobar que nada más acabar la locución la puerta de salida también se abría mientras el ascensor no paraba de ascender a cierta velocidad, ya que por lo visto nadie más había solicitado parada en los pisos intermedios.

Mi instinto de supervivencia me dictó que me dirigiera a la parte central del ascensor, lo más alejada posible de las puertas, abiertas y tan ventiladas. Y así lo hice a gatas y con un tembleque incontrolable por todo el cuerpo.

Imagino que la aventura soló duró unos segundos más, pero a mí me pareció eterno el trayecto. Solo notaba el aire en mi cara, un silbido tremendo en los oídos y mi pelo despeinado revoloteando por mi cara.

Creo que no hará falta que os diga que no me pude aguantar las ganas de hacer pis, después de aquella accidentada travesía y que al llegar a mi destino final en la planta dieciocho, me dirigí con las piernas aun temblando, directamente al baño. No a orinar porque eso ya lo hice en el interior del ascensor, sino a llorar desconsoladamente y desahogarme por aquel terrible percance.

Cuando ya me serené del todo, decidí marcharme ya que al no llevar ropa ni muda de recambio no me atreví a acudir a la cita que tenía prevista, que era nada menos que una entrevista de trabajo, una audición para un nuevo papel en una película.

Tampoco me atreví a avisar en recepción ni a seguridad del percance sucedido en el ascensor. ¡Que bochorno! Y yo con aquellas pintas y apestando a orines. Aún hoy no consigo comprender como fallaron los sistemas de seguridad. Supongo que la tecnología del siglo XXI tampoco es infalible.

Bajé por las escaleras de emergencia los dieciocho pisos acordándome de todo el santoral y jurando que en mi vida volvería a subirme a un ascensor, aunque no tenía claro si sería sola o quizá accedería a hacerlo acompañada.

Marifelita


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dissabte, 7 de setembre del 2024

IRENE HEWITSON: Aventuras y desventuras de una diva acontecida - CAPÍTULO 10 - " La aspirante"



IRENE HEWITSON:
AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UNA DIVA ACONTECIDA


CAPÍTULO 10

Imagen: Pixabay

"LA ASPIRANTE"


Cuando empecé a sugerirles a mi familia y amigos mi deseo de dedicarme a esta profesión, me sorprendió negativamente que ninguno de ellos mostrara ilusión o el entusiasmo que yo esperaba. Finalmente, con el tiempo y aunque a regañadientes, conseguí cierto apoyo en esta gran aventura.

En plena pubertad y a escondidas de mi madre, con los ahorros que había conseguido en meses, me pagué un book fotográfico. Lo llevé a varias agencias con toda la ilusión, pero sin éxito.

Algunos de ellos me recomendaban, tímidamente y con la boca pequeña, depilarme mis negras, pobladas y desordenadas cejas juveniles. También en alguna ocasión arreglarme los dientes, algo torcidos y separados, ya que así conseguiría mejores valoraciones y más posibilidades para triunfar.

Por entonces no tenía ese dinero para una ortodoncia, con mi precario sueldo en un “Burguer King” y mientras me sacaba la carrera de diseño. Tardaría bastante en poder reunir el dinero para hacer algo al respecto.

Seguí acudiendo a nuevas agencias sin éxito. Tengo que decir que, por suerte, no me arreglé los dientes y aunque durante un tiempo les hice caso y me depilé “mi poblada y única ceja”, un día decidí dejar de hacerlo.

Observé que se habían puesto de moda ciertas modelos que hacían alarde de un entrecejo sin depilar, imagino que con un punto de reivindicación feminista o también como pequeño tributo y homenaje a la gran Frida Khalo.

Por lo visto también destacaban en el mundillo de la moda chicas que lucían con orgullo sus dientes separados, especialmente los incisivos centrales evidentes a simple vista. Ahora estaban bien vistos por la opinión popular y cotizados en la profesión. De la noche a la mañana empecé a recibir llamadas, aunque con modestas propuestas de trabajo.

Durante meses no paré de trabajar en sesiones de fotos y muy bien pagadas, por cierto. Tanto que me decidí por fin a dejar mi trabajo en el “burguer” e independizarme en un pequeño piso de alquiler compartiéndolo con mis compañeras de estudios.

Lo que al principio eran sencillos trabajos para campañas de maquillaje, bolsos, joyas y negocios de todo tipo de empresas nacionales, se convirtieron en contratos con grandes multinacionales. En ocasiones me asustaba un poco ya que con la pérdida del anonimato no conseguía salir a pasear, de compras ni a tomar algo con mis amigas por la ciudad, sin que nadie me reconociera. Tener una cita y salir con alguien sin ser observada por la multitud era casi imposible.

La primera vez que viajé al extranjero para un trabajo que me ofrecieron en París, fue para una sesión de fotos y varias tomas para participar en un videoclip de una exitosa banda de Pop del momento. Finalmente fue un grupo de un solo éxito, pero entonces prometía ser un contrato millonario y una gran oportunidad que representaría mi empujón definitivo hacia la fama internacional.

A mi llegada, mientras recogía mis maletas en el aeropuerto, me sentí observada por la gente. Pensé que eran imaginaciones mías ya que en el extranjero todavía no debían conocerme tanto. Al salir de la terminal para coger un taxi que me llevara al centro, divisé en una gran pancarta publicitaria de gigantescas dimensiones una espectacular y sensual modelo, que resulté ser yo misma, luciendo un sugerente conjunto de lencería super sexy que dejaba poco a la imaginación y exhibiendo generosamente y orgullosa un horrible lunar que tenía justo al lado del ombligo. ¡Me dijeron que lo harían desaparecer con Photoshop!

En aquel mismo instante supe que lo primero que haría al volver a casa sería pedir hora con un buen cirujano plástico para que lo hiciera desaparecer fulminantemente junto con el resto de pequeñas imperfecciones que en pocos segundos pude detectar en aquella espectacular pero indiscreta campaña publicitaria, a todo color y en tamaño contraproducente, que no le hacía ningún favor a mi carrera internacional, que justo acababa de despegar.

Marifelita

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dissabte, 31 d’agost del 2024

IRENE HEWITSON: Aventuras y desventuras de una diva acontecida - CAPÍTULO 9 - "El baile de mi vida"



IRENE HEWITSON:
AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UNA DIVA ACONTECIDA

CAPÍTULO 9

Imagen: Pixabay

"EL BAILE DE MI VIDA"

He asistido a millones de fiestas, en este mundillo. Es parte del trabajo, darte a conocer y promocionarte, hacer contactos, hay que dedicarle mucho tiempo, pero merece la pena el esfuerzo.

Debo confesar que, aunque sea actriz, tengo como la mayor de mis debilidades un gran sentido del ridículo, sobre todo con las cosas que no domino demasiado, como es cantar y bailar.

Aún recuerdo aquella ocasión, en mis comienzos, cuando era una desconocida en el mundo del cine. Me invitaron a una boda y fui como pareja de uno de los mejores amigos del novio. Por suerte o por desgracia, aun no lo tengo claro, mi imagen era relativamente conocida gracias a algunas campañas de publicidad en las que participe, y me pasé la mayor parte de la boda hablando con los invitados y firmando autógrafos porque mi cara les era familiar.

Cuando ya pensaba que me había librado del baile, porque mi supuesta pareja iba pedo desde hacía horas y se dedicaba a bailar con cualquiera menos conmigo, un amigo de los novios, con desparpajo de sobras y mayor descaro, se acercó a mí y me llevó a rastras a la pista de baile. Intenté negarme, pero para evitar una desagradable escena y parecer la más borde del lugar, accedí a acompañarlo.

Mi cuerpo como en otras ocasiones similares, es incapaz de reaccionar con un mínimo de gracia y ritmo a cualquier música, sea del estilo que sea. O se paraliza totalmente o bien acompañado de una risa nerviosa, replica algún paso de baile copiado de algún vecino en la pista y torpemente lo repite hasta la saciedad. Mi pareja de baile, bastante impresionado y sorprendido me soltó un: “eres un bombón, pero ¿qué te pasa?… ¿tienes una escoba metida por el culo?”, y antes de que pudiera contestarle cualquier otra ordinariez, se giró y siguió bailando con quien se cruzó en su camino.

Me quedé completamente paralizada, y un pequeño tic me atacó el labio superior al mismo tiempo que el párpado derecho por el resto de la velada.

Pero no hay nada que unas copas de más no puedan arreglar o eso pensé yo hasta que un día me llegó una llamada de mi agente, por lo visto uno de los asistentes a la boda me reconoció por mis campañas publicitarias y grabó algunos videos de aquella velada conmigo como protagonista.

Parece ser que mis movimientos no eran tan glamourosos como yo creía y mis coreografías nada excitantes ni reveladoras. Lo que si fue muy revelador fueron las imágenes que se hicieron virales en redes.

Desde entonces me limité a mirar como bailaban los demás. Pero eso es agua pasada, después de tantos años ya nadie lo recuerda.

Lo cierto es que ahora estoy tomando clases de canto y baile con una de las profesionales más reputadas del mundillo para convertirme en una artista versátil y completa. Y es que mi sueño desde niña y también desde que empecé en esta profesión era convertirme en la protagonista de mi propio musical. Ahora que tengo fama y dinero, puedo ser capaz de producir mi propio espectáculo.

Recuerdo cuando aún era una pobre aspirante, que vivía en un modesto barrio obrero de la ciudad, compartiendo piso con otros aspirantes a artistas como yo.

Me presenté a un conocido concurso televisivo de canción, pero no supere las pruebas, no reunía las cualidades básicas necesarias, según el exigente y demoledor jurado.

Lo peor de todo no fueron sus hirientes palabras, que sea de paso me hundieron en la miseria durante meses, sino que ahora que ya soy una actriz famosa, se han filtrado en redes el documento gráfico y sonoro donde se pone de manifiesto mis negadas dotes para la canción y el baile. Si, si, en baile también porque al salir el primero a la luz, alguien pensó que sería interesante filtrar de nuevo el de la boda. ¿Os he dicho alguna vez que odio las redes sociales? Ahora mismo odio a toda la humanidad. Sin duda un día serán mi perdición, porque mi excesivo temperamento en ocasiones me puede y en cualquier momento puedo tomar una muy mala decisión, pero eso ya lo sabeis porque ya me vais conociendo…

Marifelita



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dissabte, 24 d’agost del 2024

IRENE HEWITSON: Aventuras y desventuras de una diva acontecida - CAPÍTULO 8 - "LA TORTOLA Y LAS LENTEJAS"

IRENE HEWITSON:
AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UNA DIVA ACONTECIDA


CAPÍTULO 8

Imagen: Pixabay

"LA TÓRTOLA Y LAS LENTEJAS"

Una persona seria y circunspecta como soy yo, muy atada a la realidad, muy de tocar con los pies en el suelo y poco afecta a la fantasía, estaba apoyada de codos sobre la baranda de una terraza. De pronto aterriza sobre ella una tórtola, que se me aproxima y mirándome con un ojo me pregunta:

—¿Hoy no me das lentejas?

Esto que podría ser un sueño algo surrealista, desgraciadamente no lo fue. Se trataba del principio de un guion que llegó a mis manos hace unos años y que me vi obligada a aceptar, según el profesional criterio de mi agente. Me aconsejó que firmara ya que se trataba de una historia de fantasía orientada al público joven y que sería un éxito seguro con continuidad en una saga de varias películas, lo que me garantizaría unos buenos ingresos durante años.

El guion parecía concebido por dos “fumetas” en horas bajas, sin apenas conexión entre escenas. Quizá fuera culpa del estudio al recortar lo que no les interesaba y atiborrar el metraje con escenas llenas de acción y efectos especiales espectaculares, hechas con cromas y retocadas por ordenador, lo que le quitó toda la magia a la experiencia.

Lo que decididamente le quitó la magia a la película, fue mi último día de rodaje. Dejaron sabiamente para el final la única escena con algo de acción en la que yo participaba. Conociendo mis antecedentes ya podeis adivinar que no acabó del todo bien. Por no extenderme demasiado solo os diré que acabé en el hospital atendida de urgencia con algunas quemaduras entre otras cosas. En un tropezón muy tonto por culpa de la poca luminosidad de la escena y mis largos ropajes, mi excesiva peluca se prendió accidentalmente en una antorcha del decorado, y en mi aparatosa caída posterior, un puñal de atrezzo quedó clavado por desgracia (aunque bien visto ahora con perspectiva quizá debería decir por suerte) en una de mis prótesis mamarias.

Así quedó al descubierto el secreto de que mis abundantes y bonitos pechos no eran naturales, pero lo peor estaba por venir unas semanas más tarde.

Tras el estreno en cines, las críticas fueron pésimas y el estudio no recuperó el dinero invertido, así que adiós al contrato millonario que predijo mi exagente. Lo que me sentó peor, además de los desafortunados y numerosos comentarios sobre mi accidente mamario, fue que años más tarde la cadena HBO compró los derechos de la idea original e hizo una serie con actores de primera talla entre los que, por supuesto, no me encontraba yo, y que con sus diez temporadas recaudó millones y se ha convertido en un clásico de la televisión. No hace falta que os diga que no toqué ni un céntimo de aquel exitoso proyecto. Eso sí, la indemnización millonaria que le reclamé a la cadena además de acabar en los tribunales y dar muchos minutos de provechosos momentos televisivos y una miniserie documental, me sirvió también para hacerme con unas tetas nuevas que puedo decir orgullosamente a día de hoy que rayan la perfección.


Marifelita



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divendres, 16 d’agost del 2024

IRENE HEWITSON: Aventuras y desventuras de una diva acontecida - CAPÍTULO 7 - "DOS EN LA CARRETERA"



IRENE HEWITSON:
AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UNA DIVA ACONTECIDA


CAPÍTULO 7


Imagen: Pixabay


"DOS EN LA CARRETERA"

Hace unos años me encapriché de un flamante coche deportivo italiano, no diré nombres porque nadie me ha pagado por hacer publicidad. Así que tuve la genial idea de, en lugar de encargarlo y que me lo trajeran a casa, ir a buscarlo yo misma a Milán y regresar con él para ponerlo en rodaje y ver todo lo que era capaz de hacer.

Por aquel entonces me encontraba en España, durante mi retiro espiritual en la clínica mental en Mazarrón decidí volver a mis raíces y me compré un chalet en Chiprana, provincia de Zaragoza, modesto pueblo donde nací.

Debo decir que tan pronto se enteraron de mi presencia, vino el alcalde a saludarme personalmente y tras nuestra breve conversación se apalabró que tendría una calle con mi nombre en reconocimiento. No todos los días se sabe que un ilustre vecino alcanza tal éxito y popularidad. Aunque detecté que lo dijo con la boca pequeña, quizá no era el tipo de popularidad que él consideraba más positiva.

Así que decidí ir en busca de mi capricho y me crucé Francia de regreso, poniéndolo a todo gas aquella excepcional máquina, en sus estupendas “autoroutes”. Conducir es toda una terapia para mí, sobre todo de noche, se viaja más fresco, más tranquilo y su oscuridad me da una paz que no se puede igualar casi con nada. Hice varias paradas técnicas descansando en los mejores “Chateaux” del país. Una es vanidosa y de vez en cuando le gusta darse estos caprichos mundanos.

Y cuando crucé los Pirineos, fue evidente que ya estaba en casa de nuevo, no solo por el cambio de temperatura sino también por el precario estado de sus carreteras. Enseguida me di cuenta que este nuevo coche mío no estaba hecho para este asfalto irregular nuestro.

Llegando a los célebres y conocidos Monegros fueron evidentes dos cosas más: que pude poner a tope de nuevo mi flamante deportivo y que, con la emoción del momento, me olvidé de repostar desde que cruzara la frontera. Por lo tanto, tan exquisita maquinaria italiana me dejó tirada en aquel caluroso desierto de principios de junio.

Otra maquinaria exquisita y excesivamente cara, como era mi móvil, por entonces el más revolucionario del mercado, perdió la cobertura por aquellos parajes. Estuve esperando allí durante horas sin que nadie tuviera la gentileza de pararse, aunque solo fuera por pura curiosidad e intentara auxiliarme. Por lo que no pude avisar tampoco a la asistencia en carretera.

Pero finalmente una alma cándida y piadosa personalizada en un joven, fornido y atractivo camionero se cruzó en mi camino. Subí a su cabina torpemente, sin pensármelo dos veces mientras le rogaba que me acompañara a la gasolinera más cercana y resumiéndole a una velocidad de vértigo mi última desgracia.

Cuando llevaba un buen rato en compañía de aquel extraño y buen samaritano, me di cuenta que tan solo escuchaba mi atropellado monólogo sin sonreír ni hacer ningún intento por entablar conversación conmigo ni tener ningún tipo de interés en mi persona.

Por unos segundos pensé en una de las peores opciones: ¿sería posible que aquel hombre no me hubiera reconocido? Y cuando estaba a punto de preguntarle si sabía quién era yo, aquel joven tímidamente hiló una palabra con otra para preguntarme cuanto cobraba por mis servicios.

¿Me había confundido quizá con una prostituta de lujo? En aquel momento no calibré mis palabras, como otras tantas veces me ha pasado antes, y totalmente indignada le contesté:

—Amigo, no tiene usted suficiente dinero para acostarse conmigo. Ni en toda su miserable vida podrá verlo junto.

 Y en el corto pero accidentado trayecto que compartimos juntos, aproveché para informarle y explicarle con quien tenía el placer de compartir su cochambrosa cabina. Ni que decir tiene que me dejó tirada en la siguiente salida de la autopista y es que la boca me pierde. Con mis “stilettos” italianos en la mano, que desgraciadamente también estrené en aquella aventura, llegué media hora más tarde a una gasolinera.

Por suerte los dependientes y clientes si que me recibieron como una actriz internacional de mi calibre se merece. No fue de la misma manera con la prensa nacional como era de esperar, que al día siguiente me regaló este titular:

 

La famosa actriz de Hollywood, Irene Hewitson vuelve a casa con una nueva polémica. Ayer hizo proposiciones deshonestas a un amable camionero, al intentar auxiliarla en la carretera”.

 

¡Fíate tú de los buenos samaritanos…! Aunque ahora ya comprendo las reticencias del alcalde… Pero por otro lado pienso que saldrá ganando, al menos he colocado a Chiprana en el mapa. ¿O quizá Chiprana quería pasar desapercibida como hasta ahora? Supongo que ahora ya es tarde para saberlo.

Marifelita



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dissabte, 10 d’agost del 2024

IRENE HEWITSON: Aventuras y desventuras de una diva acontecida - CAPÍTULO 6 - "CASANOVA EN REMOJO"

IRENE HEWITSON:
AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UNA DIVA ACONTECIDA

CAPÍTULO 6

Imagen: Pixabay


"CASANOVA EN REMOJO"

Tras mi último divorcio no quería saber nada del resto del mundo, solamente me apetecía desaparecer y estar tranquila una temporada. Me pareció una buena idea un retiro “espiritual” en España. Una estrella de mi calibre pasaría más desapercibida para la prensa internacional allí y me serviría para poner mi vida en orden y recuperar fuerzas para volver a la jungla salvaje que es Hollywood.

Siempre me había interesado Barcelona, aunque una vez allí me aconsejaron una localidad más apartada y discreta para alguien como yo, y un modesto, pero lujoso balneario que me vendría genial para alejarme de la infernal prensa y desconectar de mis problemas y preocupaciones.

Una vez instalada en la Clínica de Salud Mental de Mazarrón, con una suite especial para mi uso particular y pagando generosamente los gastos por adelantado, me di una vuelta por sus modernas instalaciones y vi que había muchas actividades que me apetecía experimentar.

Me apunté entre otras cosas a un taller de pintura y otro de poesía que fueron sumamente interesantes para exteriorizar mi más oculta y desconocida faceta creativa. Para mi faceta más sensitiva me apunté a unas clases de una zarandaja nueva, que por entonces empezaba a despuntar, llamada “Mindfullness”, además de otras de “Autoconocimiento” y “Control de la ira” que sorprendentemente fueron las más útiles que haya podido hacer en mi vida. Otra cosa a la que me apunté sin dudar, solo por interés antropológico, ya que siempre pensé que era una actividad para señoras mayores como mi madre, fue a unas clases de Aquagym.

Allí conocí a personajes tan pintorescos que, para un guionista observador de Hollywood, podrían ser buen material para crear infinidad de nuevos personajes. Entre ellos tengo que destacar la figura de un septuagenario seductor que el primer día de clase, se me ocurrió comentarle por mero decoro y formalidad, que estaba en muy buena forma para su edad. El caballero, un auténtico “latin lover” intentó por todos los medios clásicos y modernos conquistarme, sin duda para obtener un buen partido y asegurarse una buena jubilación. Tan solo pudo obtener de mi la más absoluta de las indiferencias durante las clases restantes. Aprendí nuevos métodos de escape, fuga y camuflaje para huir de semejante tipo.

El seductor en cuestión que se llamaba Gabriel, me ha hecho recordar otra anécdota que creo que aún no he compartido con vosotros. Como cualquier estrella de Hollywood que se precie, mi nombre real no es Irene Hewitson.

Nací en un modesto pueblo español llamado Chiprana, aunque en Hollywood muchos creen que soy británica porque en una entrevista dejé caer que mi bisabuelo era sastre e inglés, hicieron un chiste con mi apellido y ya no quise aclarar el malentendido.

El caso es que mi verdadero apellido es Gabriel. Todos mis antepasados tuvieron que acostumbrarse a que nadie les pronunciara o escribiera bien el apellido, llamándoles Grabiel o Grabriel que aún resulta más difícil. Pero nada más firmar mi primer contrato como modelo, vi que debía cambiarlo por uno más fácilmente pronunciable y extranjero, para darle un toque de glamour. Y entonces le robé, a modo de homenaje, el nombre a mi difunta abuela, Irene Hewitson, que recibió su apellido de un voluntario inglés que se dejó caer por aquí en plena Guerra Civil.

Por lo visto mi nacimiento fue un acontecimiento sonado, mi padre se dedicó a celebrarlo uno por uno, por todos los bares del pueblo e invitar a cualquier vecino que se le cruzara por el camino. Y así, entre copa y copa, se dirigió al registro civil un tanto borracho, y un par de días más tarde de lo esperado, por lo que en mi partida de nacimiento aparece erróneamente el día 5 de mayo, cuando en realidad nací el 3.

En cualquier caso, mi nombre figura como Eustasia Irene García Grabriel. Mis padres decidieron ponerme los nombres de mis dos abuelas, pero mi madre pidió que el de la suya fuera el primero, y mi padre, quizá por despiste o por deferencia familiar, puso el de su madre delante. Lo de “Grabriel” fue pura ineptitud del funcionario.

Pasé a llamarme “Tasi” para los amigos y más allegados, durante mi infancia y parte de la adolescencia. Creo que ahora que he vuelto a casa, y como mi padre ya falleció, debería ir y cambiarlo, ya que no sería motivo de discordia ni hostilidades, bastantes años lo he soportado, no lo hice antes por no ofenderlo. Ya veis que mi tendencia al caos me viene de familia.

Después de este pequeño inciso, comentaros que, mi amigo Gabriel, el de la clínica, cambió de objetivo cuando la profesora dijo delante de toda la clase de Aquagym, que no había tenido nunca mejor alumno, con tanto empeño y resolución. Este inocente comentario provocó que la atención de nuestro amigo pasara a una nueva víctima, quizá algo más receptiva. Estoy convencida que a los pocos días consiguió invitarla a cenar.

Me sentí un tanto ofendida porque en ningún momento el “Casanova” en cuestión demostró retomar su interés por mí. Quiero pensar que fue por considerarme inalcanzable, aunque ¿podría ser que no me hubiera reconocido, o peor aún, que quizá no fuera lo suficientemente joven?

Confieso que mi mente, algo enferma y perjudicada por entonces, fue más allá hasta el punto de que una vez el señor Gabriel dejó de perseguirme, me empezó a parecer interesante e incluso atractivo. Contra más me ignoraba y llenaba de atenciones a la joven monitora de Aquagym, más inquieta e incluso celosa me sentía. Una noche le propuse cenar conmigo, gesto que declinó elegantemente para asistir a otra cita. Imaginaos mi penoso estado amoroso  y emocional en aquel momento.

Supongo que sobran las palabras, es obvio que necesitaba un retiro espiritual lo más lejos posible. Sin duda la vida y el universo entero parecen haber conspirado contra mí, pero que se preparen porque salgo de aquí con las pilas cargadísimas y dispuesta a lo que sea. Palabra de “Tasi”.

Marifelita



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dissabte, 27 de juliol del 2024

IRENE HEWITSON: Aventuras y desventuras de una diva acontecida - CAPITULO 4 - ÍDOLOS


 IRENE HEWITSON:

AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UNA DIVA ACONTECIDA


CAPITULO 4

Imagen: Pixabay


"ÍDOLOS"

Antes de ser una actriz relativamente conocida, tuve un encuentro en un ascensor algo peculiar. Iba a una entrevista en uno de los estudios de cine más importantes del país y me encontré subiendo en el ascensor, nada menos que a la famosa actriz Faith Sunrise.

Siempre había pensado que cuando la gente alababa su encanto y su presencia exageraban, pero lo cierto es que cuando la tuve al lado, supe a qué se referían. No era solo su belleza que era espectacular, sino su porte, su elegancia, su manera de estar sabiendo que es la más observada y adorada y aún y así no perder ni un ápice en encanto y naturalidad. Yo de mayor quiero ser como ella, le decía siempre a mi abuela, y ella me contestaba muy comprensiva: “¡Si, hija, si, sueña despierta! ¡Porque como ella no hay ninguna!”.  Y aunque me diera mucha rabia admitirlo, tenía que darle la razón.

No sé cuánto duró el trayecto ni mis cavilaciones, lo cierto es que, teniendo una oportunidad de oro como aquella, subir a solas con ella en aquel ascensor, sin duda tenía que aprovecharla. Pero no fui capaz de pronunciar ni una sola palabra. Me quedé en blanco y mi cerebro embobado no pudo enlazar una palabra tras otra para preguntar ni siquiera algo estúpido ni trivial. Ni presentarme, o saludarla, alabar su talento o comentar su última película, confesarle mi admiración… Ni que hubiera sido para hacer alguna observación mundana sobre el tiempo o el calor que hacía en aquel ascensor… Nada de nada.

Una leve y lejana campanita nos indicó que habíamos llegado a su destino, y ella muy educada me regaló un “buenos días” acompañado de una encantadora sonrisa, mientras salía del ascensor y me dejaba atrás, con mi cara desencajada y embobada, viéndola marchar con su caminar elegante mientras las puertas del ascensor se cerraban de nuevo ante mis narices.

No fui capaz de devolverle el saludo, ni de articular palabra alguna. La neurona que creo aún estaba despierta y en funcionamiento en mi cabeza, estuvo lenta en aquel momento y tampoco me aconsejó salir con ella en ese preciso instante para seguirla e intentar entablar alguna conversación más tarde.

Que os puedo decir, perdí una de aquellas oportunidades únicas que se le presentan a una en la vida.

Mi esperanza desde entonces era encontrármela quizá por los pasillos de algún estudio, en la alfombra roja de algún evento o que coincidiéramos en algún proyecto. Solo de pensar en ello no podía evitar sentir un sudor frio por la espalda. Quizá sería mejor que no se diera esa feliz casualidad, porque de ser así y que ella me reconociera, cosa poco probable, moriría fulminantemente de la vergüenza en ese preciso instante.


El titular de mi pronta e inesperada muerte sería algo así:

“Inesperada tragedia en los pasillos de la MGM Studios”

La joven actriz Irene Hewitson cae desplomada en los pasillos de la MGM tras cruzarse con la veterana actriz Faith Sunrise. Todo apunta a que la malograda y joven promesa no pudo contener la emoción al coincidir con su admirada diva y perdió el conocimiento para sorpresa de todos los presentes. Actualmente se encuentra ingresada en el Mount Sinaí Medical Center y su pronóstico es grave, aunque reservado. Se dice que la veterana estrella envía cada día un ramo de rosas a su habitación con una a pequeña nota: ¡Recupérate pronto, te esperamos!

Un gran revés para la joven actriz que estaba a punto de firmar un contrato para una próxima película compartiendo cartel con la espectacular estrella.

 

Siempre digo que soy acontecida y no en vano. La semana pasada fui a la presentación de una película de mi colega y amiga Mary Bertrand, y en el photocall la vi a lo lejos. No podía creerlo. ¿Qué hacía Faith Sunrise en un evento de tan poca categoría? Una periodista descarada y despiadada, mientras mantenía conmigo una breve e insulsa entrevista, llamó a voces a la estrella invitándola a acercarse donde nos encontrábamos.

¿Ustedes ya se conocen verdad Faith? E inesperadamente, la gran estrella contestó firme y decidida: ¡Pues no tengo el placer, la verdad!

La eficiente periodista dio un gran repaso a mi corta, aunque taquillera trayectoria, cosa que la gran diva no pareció conocer ni quedar demasiado impresionada.

Creo que en ese mismo momento mi corazón hinchado de diva emergente sintió un pinchazo y se desinfló como un globo, quedándome desde ese instante con mi diminuto y dolorido corazoncito. Me falta el aire al recordar ese punzante comentario, aunque me reconforta rememorar los últimos segundos de aquel accidentado encuentro. Como mientras me desmayaba y caía al suelo los brazos de mi diva favorita me envolvían en un caluroso y gran abrazo.

Marifelita



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dissabte, 20 de juliol del 2024

IRENE HEWITSON: Aventuras y desventuras de una diva acontecida - CAPITULO 3 - EL BAÑO



IRENE HEWITSON:
AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UNA DIVA ACONTECIDA


CAPITULO 3

Imagen: Pixabay


"EL BAÑO"

Tras varios años en la cumbre del éxito, siento decir que más debido a mis escándalos y titulares en la prensa, que no tanto por mis éxitos cinematográficos, ha llegado el momento de unas largas y merecidas vacaciones. En su momento mis películas recaudaron millones en taquilla, aunque sabemos que no siempre significa que sean productos de calidad ni que pasen a la historia del cine.

Aprovechando ese dulce momento, decidí tomarme un año sabático, descansar, disfrutar de mis ingresos, viajar y así dejar pasar un tiempo para que el público se olvidara por un tiempo de mí y de mis escándalos, la prensa parece disfrutar de mis desgracias mientras les saca un gran rédito.

Una de las cosas que me moría de ganas por hacer era reunirme con mis antiguas amigas del instituto, quedar con ellas en el barrio de mi infancia. Todas tenían sus vidas ajetreadas como buenas madres de familia, pero aceptaron encantadas la propuesta.

Decidí invitarlas en el mejor restaurante del centro comercial, que dicho de paso, era de una de las franquicias de mi productora, así que, si era vista allí por casualidad, quedaría muy bien con la multinacional, y quien sabe, aun conseguiría un jugoso contrato publicitario.

Aquel mismo día decidí ir a mi peluquera de confianza y hacerme un cambio de look radical, un buen corte de pelo. Así pasaría desapercibida, sanearía mi melena castigada y parecería más joven, eso siempre es importante siendo mujer en esta gran industria.

La reunión con mis amigas fue genial. Una velada llena de risas, anécdotas y muchos recuerdos de nuestra juventud, entre copa y copa nos dieron las tantas sin darnos cuenta. Ellas se fueron marchando a casa, de una en una encantadas de haber compartido aquella divertida velada y con ganas de repetirla de nuevo tan pronto fuera posible.

Yo me quedé la última y cuando el camarero me trajo la cuenta para sugerirme que era hora de cerrar el local, pagué satisfecha el banquete que les había regalado a mis amigas junto con una generosa propina para el joven y atractivo camarero, que la recogió encantado, y con una gran sonrisa mientras la guardaba en su bolsillo.

Al levantarme de la mesa me di cuenta enseguida de dos cosas: una que estaba algo mareada para conducir a aquellas horas y la otra, que tenía cierta urgencia en ir al baño. Como el restaurante ya estaba cerrando decidí ir a los aseos del centro comercial camino del parking.

Me eché agua fresca en la cara para espabilarme y me fui a vaciar el depósito lleno de la abundante bebida que había consumido aquella estupenda noche.

Lo que ocurrió a partir de ese momento está borroso en mi memoria. Al intentar colgar el bolso del pomo de la puerta, se enganchó una de las hebillas en las medias y me hizo una buena carrera. Al acomodar buena cantidad de papel higiénico en la taza del wáter, me senté para orinar y cuando acabé recogí todas mis cosas, pero no pude abrir la puerta, el pasador se debió quedar atascado.

Empecé a dar voces para pedir auxilio, pero por lo visto apuré tanto con la hora, que ya debían haber cerrado el centro comercial. Al parecer, ni los de la limpieza ni el de seguridad pasaron a hacer la última ronda antes de irse a casa.

Quizá fueron los nervios o la excesiva cena con la abundante bebida, que se me giró el estómago de pensar que tendría que pasar la noche allí hasta la mañana siguiente, porque no podía tampoco avisar a nadie, mi móvil estaba sin batería.

Fue cuando empecé con la mayor vomitera de mi vida, además el olor de orines de aquel concurrido baño público no ayudaban demasiado a frenarla. Cuando acabé con aquella fase, empecé con un gran sentimiento de impotencia y una llorera incontrolable que duró unas horas hasta que conseguí acomodarme como pude en aquel pequeño cubículo y por el cansancio me quedé finalmente dormida.

No hace falta que os diga que mi aspecto cuando me descubrieron al día siguiente, dejaba mucho que desear para lo que el gran público espera de una diva como yo: el maquillaje corrido de tanto llorar, un olor fuerte y desagradable mezcla de vomitado y orines, alguna uña rota intentando abrir la puerta y una buena carrera en mis caras medias.

Me descubrió la señora de la limpieza que, mientras intentaba asearme y darle explicaciones al mismo tiempo, me robó algunas fotos en el espejo cuando yo no miraba.



Podeis imaginar los titulares en la prensa al día siguiente, ilustradas con aquellas fotos robadas y los generosos comentarios del camarero del día anterior:

“Decadencia de una joven promesa”

La joven actriz, muy desmejorada estos últimos meses desde su última aparición en la gran pantalla, muestra marcados signos de algún desorden alimenticio, y su aspecto no da lugar a dudas, con evidentes pruebas de sus adicciones. Uno de los camareros que la sirvió la noche anterior nos confirma que durante la velada se la vio muy relajada, apenas probó bocado y en cambio consumió grandes cantidades de alcohol y quien sabe si también de drogas ya que se la veía extrañamente amable y generosa y se dirigió numerosas veces al baño...


Ya veis, parece ser que la “generosidad” en estos tiempos es una extraña y despreciable cualidad.

Marifelita



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dissabte, 13 de juliol del 2024

IRENE HEWITSON: Aventuras y desventuras de una diva acontecida - CAPITULO 2 - EL KARMA

IRENE  HEWITSON: 
AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UNA DIVA ACONTECIDA

CAPITULO 2


Imagen: Pixabay

"EL KARMA"

Recuerdo cuando conseguí mi primer éxito en la gran pantalla. Con los generosos honorarios que el estudio cinematográfico acordó en mi contrato, conseguí comprarme una lujosa mansión que anteriormente pertenecía a una famosa cantante internacional. Sin detallar nombres, puedo decir que falleció hace unos meses por excesos varios. ¡Los músicos y su mala vida, ya se sabe!

Al entrar en la casa, que dejaron lujosamente amueblada, coloqué mis ropas y bártulos en su nuevo sitio y empecé a escoger y deshacerme de las cosas que no me interesaba conservar. Descubrí en una cómoda de la habitación principal una pequeña caja de cartón. Sin pensarlo la tiré a la bolsa de basura, pero después mi curiosidad pudo más y la recogí encontrando en ella, para mi gran sorpresa, varias joyas: unos lujosos pendientes de brillantes, un anillo con un diamante, una pulsera de oro macizo y un reloj de una prestigiosa marca.

En aquel momento pensé que sería buena idea quedármelo, sus herederos millonarios no echarían en falta un puñado de joyas como esas.

Al día siguiente tenía la firma de un importante contrato y se me ocurrió hacer gala de mi buen gusto y exhibir mis “nuevas joyas recién adquiridas" y me puse la pulsera de oro a conjunto con la flamante sortija.

Salí del estudio toda pletórica pensando que habría firmado el contrato de mi vida, aunque con los años ya pude comprobar que fue uno de tantos fallos de cálculo que tuve en esta profesión, y todo por hacer caso del criterio de mi recién contratado agente.

Mientras esperaba un taxi, aun no sé cómo lo hice que la pulsera se deslizó suavemente por mi muñeca, resbalando y cayendo al suelo, con tan mala fortuna que se coló por la alcantarilla que tenía justo debajo de mis pies. Unos segundos más tarde llegaba el taxi que me oyó mascullar los últimos improperios que salieron de mi boca al respecto. Llegando a casa, cuando me disponía a salir del taxi la maneta de la puerta se quedó atascada en el anillo y al pegar un tirón con excesivo genio hice un mal gesto que, aunque en aquel momento no fue nada, horas más tarde acabé comprobando que se trataba de una fisura.

Había empezado sin duda la semana con muy mal pie. Pero a medida que avanzaba y todo iba tomando su lugar en mi recién estrenada mansión, mi humor fue cambiando y pensé que mi suerte también.

Unos días más tarde, en mi apretada agenda de compromisos tenía que asistir a una gala benéfica organizada por una ONG para recaudar fondos. Se esperaba allí a la flor y nata de Hollywood y yo no podía faltar, así que decidí ponerme mis mejores galas y estrenar los pendientes junto con el lujoso reloj que había “heredado” de la malograda cantante.

Aquella tarde ya empezó torcida ya que el caprichoso y carísimo reloj decidió no dar bien la hora, y yo fiándome de él y no de mi móvil, como hacía habitualmente, llegué tardísimo a la gala, aunque se entendió como una frivolidad o excentricidad más de una diva como yo.

Durante el catering mucha gente se me acercó a saludar y darme la enhorabuena por mi reciente éxito en taquilla y algunos incluso se hicieron algún selfie conmigo. Una chica joven se acercó decidida a mí, supuse que para pedirme un autógrafo también o felicitarme por mis éxitos cuando enseguida vi que clavó su vista en mis pendientes de brillantes.

De todas las fiestas y eventos que había aquel día en la ciudad, tuve la mala suerte de coincidir al que había asistido la generosa hija de la malograda cantante que ocupaba antes mi casa. Aun no sé cómo empezamos una sibilina y elegante discusión, intercambiando educadas y afiladas pullas sobre nuestros dudosos gustos en moda, joyas y complementos, para acabar enzarzadas en una pelea con empujones, estirones de pelo y revolcones por el suelo. Solo puedo decir que fue un espectáculo bochornoso, aunque lo mejor estaba por llegar horas más tarde en la prensa y redes, siempre prestas a capturar cualquier momento insignificante de las vidas ajenas.

Este tendría que haber sido el titular para una personalidad de mi talla:

“Generosidad sin límites de la actriz revelación del año”

La actriz del momento Irene Hewitson, ha adquirido hace unos días la mansión de la ya fallecida artista “Loraine Demodé”. Tras realizar la mudanza, la actriz encontró olvidado un pequeño joyero con pertenencias de la antigua propietaria. La joven promesa no se lo pensó ni un segundo y entregó a los herederos de la cantante su hallazgo. Ellos en agradecimiento decidieron entregarlo como donación conjuntamente con lrene Hewitson a una ONG internacional para ayudar a los niños más necesitados”.

En cambio, el titular que salió en la prensa internacional al día siguiente fue:

"Vergonzoso desencuentro de dos VIP’s en el Wellington Club"

El resto os lo podeis imaginar…

Marifelita



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