Nuestra amiga GINEBRA BLONDE desde su blog SERENDIPIA nos propone un nuevo reto para estos meses de verano. Se tratará de desarrollar alguna historia a partir de las fotografías que nos presenta y algunas de ellas con cierto toque veraniego. La total protagonista del reto este verano será la fotografía.
Diez años de su viudedad, y pese a ello, contemplaba, melancólicamente, cómo aquellas fotografías, pasaban por su mente. Unas le hacían sonreír, y otras le hacían preguntarse “¿Qué hace ésta aquí?”. Algunas que estaban sueltas, sin fijar en las páginas del álbum, le hacían sentir nostalgia. Tres álbumes, por lo menos le daría para unas tres horas, no importaba. Necesitaba recordar, para ella eran como un libro, por ello siempre quiso dejar unas palabras. Ahora necesitaba dejar constancia de todo, frase a frase, de cada una de las fotos, y no sabía cómo.
Abstraída por los álbumes de fotografía, rememoraba cada instante, como captó cada uno de esos momentos, con satisfacción, alegría. Aunque no era una profesional, no por ello lo disfrutaba menos. Fue todo un hallazgo, un pasatiempo que la llenó totalmente, se sentía enriquecida por ello, lo mejor que le había dado la vida.
Perdiéndose con ganas, ímpetu, disfrutándolo aquellos breves instantes, de lugares, viajes, de la propia naturaleza, tanto el mar como la montaña. Se daba cuenta de que, por su avanzada edad, el tiempo corría más que una ráfaga de luz en una tormenta. Ochenta y dos años contaba, así que fotos de su infancia tenía pocas, aunque alguno de esos momentos aun recordaba. Los olvidaba a veces y se decía a sí misma: No importaban los años, para mí son toda una vida.
Ahora o nunca debía ser valiente, necesitaba la ayuda de Damián. Era su amigo que conoció en el hospital, compañero de habitación y separados solo por una cortina, durante un mes y medio. Le contó su accidente en globo, durante quince años fue su única ilusión, poder disfrutar de la fotografía desde las alturas. A su marido le pareció un atrevimiento, se jugaba la vida. Pero lo consiguió, el ya no le podía controlar y siete años después de su defunción, se atrevió. Media hora de disparo tras disparo, hasta que llego lo inevitable, el accidente.
Como enfrentarse y ser valiente, hacerle saber a Damián que ella era
analfabeta. Que una de sus amigas escribía bajo las fotos, lo que ella
comentaba de cada una de ellas. La amiga se fue un día, y ahora ¿quién daría
razón de cada una de ellas? Dejando pasar aquellas páginas con las
fotografías de toda una vida, cada una de ellas aportaba una valiosa
información. De vez en cuándo abría los ojos, y contemplaba aquel rompecabezas
sobre la larga mesa, algunas en color, otras en blanco y negro. En su juventud,
su tío que era periodista fotográfico le había regalado el día que cumplió doce
años aquella cámara. Levantó la mirada hacia la vitrina, donde en consonancia
con otras reliquias, destacaba. Allí estaba, se hacía notar, era importante.
Nadie de su entorno, ni Damián sabían de su alfabetismo. Hoy se decidió, le invitó a cenar en casa. Uno de sus mejores platos, un buen vino, rematándolo con un bizcocho de arándonos bañado golosamente en miel. Repasaron juntos los álbumes de los últimos años, de sus viajes donde ella retrató tantos lugares interesantes. No dijo nada, dejó que Damián leyera las frases de cada fotografía. Ahora tenía a alguien con quien compartirlas.
(Fina Esquerda)







